Para el Distribuidor Relojes Cuervo y Sobrinos Vigo, su labor trasciende la simple logística comercial; se convierte en una curaduría cultural. No representa una marca de relojería suiza convencional. Representa la única firma de alta relojería con un auténtico y vibrante legado cubano, un «sabor latino» encapsulado en mecanismos de precisión helvética.

Vigo, la ciudad olívica, es un escenario fascinante y retador para esta tarea. Es una capital industrial, un puerto bullicioso y el corazón económico de Galicia. Su identidad está forjada por el Océano Atlántico, a menudo gris y enérgico, un marcado contraste con las cálidas aguas del Caribe que inspiran cada diseño de Cuervo y Sobrinos. El trabajo del distribuidor comienza precisamente ahí: en tender un puente entre dos mundos.

Su día a día no consiste en vender relojes, sino en transmitir historias. Cada pieza de las colecciones «Historiador», «Prominente» o «Vuelo» evoca la edad de oro de La Habana, una época de elegancia despreocupada y lujo cosmopolita. El distribuidor debe seleccionar meticulosamente los puntos de venta. No busca la omnipresencia, sino la exclusividad. Necesita socios—joyerías de prestigio en el centro de Vigo—que comprendan y sepan comunicar esta filosofía.

La clientela viguesa es particular. Es sofisticada, con un alto conocimiento del lujo y un aprecio por la mecánica, pero también es pragmática. El distribuidor debe saber cómo presentar un reloj que no solo es un instrumento «Swiss Made», sino también una declaración de individualidad. Demuestra cómo los colores cálidos de las esferas, las correas de aligátor de Luisiana y las distintivas cajas que imitan humidificadores de puros, ofrecen una alternativa exótica y refinada a la sobriedad germánica o la tradición suiza más conservadora.

Gestionar la marca en Vigo significa equilibrar el marketing, la formación del personal de las joyerías y la relación directa con clientes selectos. Es un trabajo de paciencia y pasión. Ver un Cuervo y Sobrinos en la muñeca de un empresario vigués mientras cierra un trato en el Círculo de Empresarios, o en la de un navegante en el Real Club Náutico, es la mayor satisfacción. Es la prueba de que el espíritu vibrante de La Habana ha encontrado un hogar legítimo en el corazón atlántico de Galicia, todo gracias a su labor como embajador de un tiempo perdido y recuperado.